Nuestra Opinión: Una reflexión, basada en Sócrates

por | May 28, 2026 | Opinión

¡Hoy vamos a filosofar!

Hubo quien dijo que la democracia podía ser peligrosa. Y no porque fuera partidario de la tiranía o enemigo de la libertad, sino porque consideraba que la democracia corría el riesgo de destruir el pensamiento crítico al otorgar el mismo peso a todas las opiniones.

Este pensador sostenía algo que hoy sigue siendo profundamente polémico: no todas las opiniones tienen el mismo valor. Creía que una persona desinformada no debería tener la misma influencia en las decisiones públicas que alguien preparado e informado.

¿Sorprendente, no?

Pero hay más. También afirmaba que la democracia suele premiar la popularidad antes que la capacidad. Que muchas veces los ciudadanos eligen a quien mejor conecta emocionalmente con ellos y no necesariamente a quien está más preparado para gobernar.

Sostenía que las masas —es decir, la sociedad en su conjunto— suelen inclinarse por aquello que las hace sentir bien, antes que por lo que resulta correcto, necesario o conveniente para el futuro de una nación.

Ojo, nunca dijo que la gente fuera estúpida. No. Lo que afirmaba era algo mucho más simple: las personas desinformadas toman decisiones desinformadas.

También advirtió sobre el enorme poder de los oradores hábiles. Aquellos capaces de manipular multitudes apelando a las emociones en lugar de los argumentos; políticos que prometen soluciones sencillas para problemas complejos y que explotan el miedo, el ego, la esperanza o la comodidad para ganar respaldo popular.

Y aquí viene la ironía más grande de todas.

A este filósofo y pensador lo condenaron a muerte mediante un procedimiento democrático. Un jurado integrado por ciudadanos votó para declararlo culpable de corromper a la juventud y desafiar las creencias de su tiempo.

Así es. Estamos hablando de Sócrates.

Hace más de 2,300 años, el filósofo ateniense fue juzgado y condenado por una mayoría que decidió silenciar a quien se dedicaba precisamente a cuestionar, preguntar y hacer pensar.

Por eso resulta inevitable preguntarse si algunas de sus reflexiones siguen vigentes.

Porque hoy también vivimos tiempos donde la popularidad suele imponerse sobre la preparación; donde las emociones pesan más que los argumentos; donde abundan las respuestas simples para problemas complejos; donde las redes sociales convierten cualquier opinión en una verdad absoluta y donde muchos prefieren escuchar aquello que les agrada antes que aquello que los obliga a reflexionar.

Quizá por eso Sócrates sigue siendo incómodo después de más de dos milenios.

Y entonces la pregunta queda sobre la mesa:

¿No cree usted que vivimos tiempos sorprendentemente parecidos a los que él advirtió?

Juan Pablo Macias

Conductor y Reportero en Nuestras Noticias.