La política se ha convertido en un espectáculo ridículo, donde quienes son
señalados por posibles actos de corrupción salen a dar declaraciones fingiendo
indignación. Despliegan todos sus dotes actorales y ahora recurren incluso a
un supuesto “lenguaje coloquial” para aparentar cercanía con la gente. Todo un
performance de contradicciones sociales.
Por otro lado, cabe preguntarse: ¿qué tanto poder tienen algunos políticos para
que se hable de desvíos de hasta mil millones de pesos?
Es momento de rediseñar la burocracia de este país. Tenemos sanguijuelas
y buitres administrando nuestro bello México. ¿Cómo llegamos a este punto?
Cuando una sociedad está más preocupada por sobrevivir que por involucrarse
en la vida pública y en la disidencia política, los espacios de poder terminan
convirtiéndose en una extensión de la monarquía y del circo. Sus ocupantes
aparecen únicamente para emitir declaraciones vacías, carentes de acciones
concretas.
México se repone una y otra vez de los saqueos, de la corrupción y de las malas
administraciones. Y es precisamente ahí donde se revela el verdadero propósito
de quienes secuestran los cargos de elección popular: ¿servir a la ciudadanía o
servirse con la cuchara grande?
Por otro lado, todavía existen quienes creen que pueden negar la diversidad que
caracteriza a nuestra sociedad. Como si esas posturas fueran a generar simpatías
duraderas. Hacen política barata a costa de discursos de odio que erosionan el
tejido social y contribuyen a los crímenes de odio, la discriminación y la violencia
sistemática.
¿Dónde están las y los líderes que realmente querían transformar la sociedad?
¿Dónde están quienes veían la política como una herramienta de servicio y no
como un medio de beneficio personal?
No veo personas con convicciones firmes que se resistan a ser moldeadas por los
intereses partidistas. Partidos que, lejos de buscar el bienestar común, parecen
concentrados únicamente en conservar privilegios y repartirse el poder. Y a
las pocas personas con auténtica vocación pública que he visto llegar a esos
espacios, muchas terminan regresando a sus ámbitos de trabajo y activismo,
donde sí pueden generar incidencia real. Se apartan de las negociaciones de
la política tradicional porque éstas chocan frontalmente con sus principios. El
panorama, entonces, se vuelve profundamente desalentador.
Pero ¿está podrida toda la sociedad?
Pero ¿está podrida toda la sociedad?
Definitivamente no.
Las mexicanas y los mexicanos somos un pueblo extraordinario, lleno de
cualidades, valores y resiliencia. Sin embargo, constantemente se nos niegan
las condiciones necesarias para transformar nuestra realidad. Hoy, gran parte
de ese trabajo lo realiza la sociedad civil organizada, no las dependencias
gubernamentales.
Esperar a un supuesto salvador es creer en un superhéroe que jamás llegará.
De hecho, hemos visto personajes construidos mediante el marketing político que
prometían encarnar la esperanza y el cambio, pero que poco a poco terminaron
mostrando los mismos vicios, las mismas prácticas y la misma política de siempre.
Los mismos dinosaurios, envejecidos y corroídos por el poder.
Lo que verdaderamente puede transformar a México es reivindicar el papel de
las mujeres. Necesitamos ocupar plenamente los espacios públicos, políticos y de
toma de decisiones. No basta con las cuotas de género. Con frecuencia se nos
“permite” acceder a ciertos espacios, pero la asfixia del patriarcado aparece como
una avalancha que condiciona, limita, violenta y somete a las mujeres que llegan
a las cúpulas del poder.
Por ello, la transformación requiere algo más profundo: sanar, reconstruir y
fortalecer el tejido social. Implica condenar las conductas que dañan a la
comunidad, establecer consecuencias legales para quienes vulneran derechos
y generar también consecuencias sociales frente a prácticas que perpetúan la
violencia, la corrupción y la desigualdad.
¿Alguien todavía duda de que las mujeres somos parte fundamental del futuro próspero
que anhelamos? Basta con mirar las cárceles: ¿quiénes las ocupan mayoritariamente?,
¿quiénes cometen la mayoría de los crímenes violentos?, ¿quiénes protagonizan los
robos? Los datos hablan por sí solos.
La reconstrucción de México no vendrá desde arriba. Vendrá de una ciudadanía
organizada, crítica y participativa; de mujeres ocupando espacios de poder en
condiciones de igualdad; y de una sociedad que deje de normalizar aquello que
la lastima.
Lic, Roberta Gutierrez Cortazar
Abogada defensora de los Derechos humanos









