Resistencia o resiliencia

por | Jul 8, 2026 | Opinión

Vivimos en un mundo globalizado donde los cambios económicos amenazan, de manera casi continua, la estabilidad de las sociedades. A ello se suman escenarios de conflictos geopolíticos que polarizan las dinámicas económicas y limitan el desarrollo de muchos países. En este contexto, es indispensable reconocer el impacto que estas circunstancias tienen en las microeconomías y en la gestión de los recursos dentro de las empresas y las familias. Del mismo modo, estos entornos de incertidumbre repercuten en el bienestar emocional de las personas.

Ante una situación de crisis, nuestro sistema nervioso entra en un estado de supervivencia. De forma automática, desencadena una serie de reacciones bioquímicas asociadas al estrés que provoca la percepción de amenaza. Aunque muchas veces este proceso ocurre de manera silenciosa, el cerebro emocional se activa y entra en un estado de hiperalerta. Como respuesta, el organismo libera cortisol, conocida como la hormona del estrés.

En las primeras etapas del afrontamiento, esta respuesta puede convertirse en una aliada, ya que nos impulsa a buscar refugio, seguridad y soluciones. Sin embargo, cuando los recursos personales para enfrentar la situación resultan insuficientes o las circunstancias externas no pueden modificarse, el estrés deja de ser adaptativo y se transforma en una lucha constante de resistencia frente al conflicto.

En el ritmo acelerado de la vida cotidiana, con frecuencia no advertimos que estamos reaccionando únicamente a la amenaza. A veces creemos que estamos enfrentando la crisis cuando, en realidad, solo la estamos resistiendo mediante conductas de evasión: consumir sustancias, comprar compulsivamente, trabajar en exceso, negar el problema o simplemente soportar el malestar sin atenderlo.

Las señales suelen manifestarse tanto en el cuerpo como en las emociones: dificultad para dormir o descansar, irritabilidad, fatiga constante, pensamientos repetitivos, dolor en cuello, espalda o extremidades, tensión muscular, apretar las manos o rechinar los dientes, entre muchas otras. Cuando estas respuestas se prolongan, el organismo comienza a somatizar los efectos del estrés.

Existe, sin embargo, otra forma de afrontar la adversidad: asumir la responsabilidad sobre nuestro autocuidado. Esto implica mejorar nuestra alimentación e hidratación, incrementar la actividad física —caminar o correr, preferentemente en entornos naturales—, fortalecer los vínculos con nuestra red de apoyo, salir del aislamiento que alimenta el ciclo de los pensamientos repetitivos, retomar actividades que disfrutamos y, poco a poco, acercarnos a las soluciones que sí están a nuestro alcance.

Es precisamente en ese proceso donde el dolor, la ansiedad y el crecimiento personal pueden coexistir. La resiliencia no consiste en dejar de sentir, sino en seguir avanzando a pesar de lo que sentimos. Por ello, no esperemos a que cambie nuestro estado emocional para comenzar a cuidarnos; muchas veces es el autocuidado el que transforma, gradualmente, nuestras emociones.

Las crisis también representan una oportunidad para crecer y desarrollar nuevas herramientas personales. Ese crecimiento se consolida cuando conectamos con nuestro propósito y logramos resignificar aquello que estamos viviendo. La resiliencia consiste en descubrir las historias de aprendizaje que permanecen ocultas debajo de las historias de dolor. Cuando tenemos claro el para qué de nuestra vida, podemos construir nuevas narrativas que nos permitan acompañar la frustración, el estrés y el dolor de aquello que no es posible transformar.

La tarea de hoy consiste en lo siguiente:

Escribe la historia que tu mente se cuenta sobre alguna situación desafortunada que hayas vivido.

Identifica cuáles fueron los aprendizajes, fortalezas o recursos que surgieron después de esa experiencia.

Encuentra un nuevo significado para ese acontecimiento.

Reescribe tu historia desde la perspectiva de las fortalezas que hoy te acompañan.

Cuando elegimos reinterpretar nuestra historia desde el aprendizaje y no únicamente desde el sufrimiento, nos convertimos en los autores de una vida con mayor esperanza, sentido y posibilidades.

Dra. Elsa Edith Ríos Juárez

Directora del Instituto de Análisis Existencial y Logoterapia de Chihuahua.

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