Futbol y Política es lo mismo en México

por | Jul 6, 2026 | Opinión

Hay un momento muy curioso que se repite cada cuatro años. México queda eliminado del Mundial y, de pronto, todo vuelve a la normalidad. Las camisetas regresan al clóset, las banderas desaparecen de los autos, las carnes asadas dejan de tener un motivo futbolero y dejamos de ser ell director técnico frustrado que llevamos dentro por la ocasión. En cuestión de horas pasamos del «este es el bueno» al «ni modo, será para la otra».

Y entonces sucede algo todavía más interesante: La vida sigue exactamente igual.

El lunes vuelve a sonar el despertador a las seis de la mañana. Hay que levantarse pa´ ir a chambear, soportar el tráfico, pagar el alto costo de la gasolina, hacer filas, aguantar al jefe y ver cómo México sigue siendo el mismo. Y es que la inflación no pregunta si México avanzó a cuartos de final. La corrupción tampoco se tomó vacaciones y mucho menos la inseguridad no suspendió operaciones mientras rodaba el balón.

El Mundial se terminó para nosotros. Los problemas no.

Curiosamente, lo mismo ocurre cada tres o seis años con la política. Nos ponemos la camiseta de un partido como si estuviéramos en la final de la Copa del Mundo. Defendemos candidatos con la misma pasión con la que defendemos un penal mal marcado, y pa´ colmo con «argumentos». Discutimos con la familia, dejamos de hablarle a los amigos y convertimos las redes sociales en una guerra de trincheras donde todos creen tener la razón absoluta.

Y cuando termina la elección: La vida sigue exactamente igual.

Cambian los colores en las oficinas, cambian los discursos y cambian las fotografías oficiales. Pero usted y yo seguimos levantándonos para trabajar, pagando impuestos, esquivando baches, esperando mejores servicios y haciendo milagros para que el sueldo llegue a fin de mes.

Porque el verdadero partido nunca estuvo en la cancha ni en las urnas: Está en la calle.

Nos hemos acostumbrado a vivir de emociones prestadas. Un gol nos hace creer que el país cambió. Una victoria electoral nos hace pensar que ahora sí llegó el futuro prometido. Pero la realidad tiene la mala costumbre de aparecer al día siguiente para recordarnos que las ilusiones duran noventa minutos o una jornada electoral.

Y quizá ese sea el mayor problema del mexicano: confundimos los símbolos con las soluciones. Creemos que cambiar de entrenador arregla el fútbol y que cambiar de partido arregla al país. Depositamos nuestras esperanzas en un escudo, un color o un nombre, cuando la verdadera transformación siempre ha dependido de algo mucho más incómodo: cambiar nosotros.

Porque mientras seguimos peleando por camisetas o por ideologías, la corrupción encuentra nuevas formas de sobrevivir, la deshonestidad continúa siendo un atajo cotidiano y la inflación sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: ganarle carreras al salario.

¿Y sabe quienes son los causantes de esto?

¡Nosotros!

Tal vez por eso el Mundial y las elecciones se parecen tanto. Ambos nos venden la idea de que ahora sí viene el cambio. Ambos nos hacen creer que el próximo partido, el próximo sexenio o la próxima generación será distinta.

Y al final, cuando se apagan las luces del estadio o se guardan las urnas, descubrimos la misma verdad de siempre.

Que el rival más difícil nunca estuvo enfrente.

Siempre ha estado parado ahí, frente al espejo.

Julio Rodriguez

Nacido bajo el signo de Tauro, Mercadólogo de profesión con más 15 años en el área de publicidad, comunicación y producción audiovisual. Asegura que las pizzas están sobrevaloradas y piensa que la gente ausente causa una mejor impresión.