Hace tres décadas, Chihuahua destacaba a nivel internacional por tres cosas muy sencillas: el respeto entre las personas, la limpieza de la ciudad y la cultura vial. Hasta entre los niños era común hablarse de usted; los automovilistas cedían el paso al peatón y se detenían en las esquinas para permitir el cruce.
Es cierto, no éramos tantos como hoy, pero en 1995 Chihuahua ya rondaba los 700 mil habitantes.
Hoy mucho de eso se ha perdido. Antes los agentes viales eran «tránsitos», no policías armados. Bastaban un silbato y su presencia en un crucero para ordenar la circulación.
Ahora, como ocurre en muchos otros temas, pareciera que ante la falta de autoridad hacen falta héroes. Como ese personaje que se volvió viral en un país del Caribe, que con una macana de plástico pone en orden a los motociclistas que invaden los pasos peatonales al grito de: «¡Dale pa’ atrás, dale pa’ atrás!», mientras les golpea el casco.
La pregunta es: ¿qué nos hace falta para volver a respetar, convivir y cuidar nuestra ciudad? Cultura. Y, aunque duela reconocerlo, muchas de las nuevas generaciones se están formando más con lo que ven en una pantalla que con lo que aprenden en casa.









