En nutrición solemos hablar de qué comer, cuánto comer y cuándo hacerlo. Sin embargo, existe un aspecto igual de importante que pocas veces recibe atención: cómo comemos.
La vida moderna nos ha acostumbrado a terminar una comida en menos de 15 minutos, muchas veces frente al teléfono, la computadora o el televisor. Comer rápido se ha vuelto una costumbre, pero la evidencia científica demuestra que este hábito puede influir directamente en la cantidad de alimentos que consumimos y, en consecuencia, en nuestro peso y nuestra salud.
Una revisión sistemática publicada en la revista Physiology & Behavior analizó diversos estudios para conocer el efecto que tiene la masticación sobre el apetito, la ingesta de alimentos y las hormonas relacionadas con la saciedad. Los resultados ofrecen información muy interesante.
Cuando una persona mastica con mayor lentitud y dedica más tiempo a cada bocado, el cerebro recibe con mayor oportunidad las señales de saciedad provenientes del aparato digestivo.
Esto significa que el organismo tiene tiempo suficiente para «avisar» que ya ha recibido una cantidad adecuada de alimento, reduciendo la probabilidad de seguir comiendo únicamente por costumbre o por rapidez.
Diversos estudios incluidos en la revisión encontraron que las personas que aumentaban el número de masticaciones por bocado tendían a consumir menos calorías durante esa comida.
Además, numerosos estudios han relacionado el hábito de comer rápidamente con un mayor riesgo de sobrepeso, obesidad y alteraciones metabólicas.
Durante muchos años se popularizó la recomendación de masticar exactamente 32 veces cada bocado. Sin embargo, la evidencia científica actual indica que no existe un número mágico.
Lo verdaderamente importante es evitar tragar grandes trozos de alimento y permitir que cada bocado sea suficientemente masticado antes de deglutirlo.
Por Yadhira Gutiérrez
Licenciada en Nutrición








