¿Alguna vez te has sentido perdido/a, sin rumbo claro o viviendo en automático? En ocasiones pensamos que las crisis existenciales ocurren solamente en algunas etapas de la vida; el mejor ejemplo es la adolescencia. Ese momento en el que cuestionamos todo lo que hay a nuestro alrededor en la búsqueda de respuestas propias y la oportunidad de consolidar una identidad.
Sin embargo, la vida del ser humano conlleva espacios de evolución continua y, cuando pensamos que ya hemos integrado algunas partes de nuestra personalidad, nos encontramos en momentos en los que nos sentimos desconectados, como si nada diera significado a nuestra vida. En ocasiones, incluso podemos sentirnos desolados.
Estos espacios son importantes porque despiertan la autorreflexión y activan los mecanismos que nos conducen hacia las pequeñas cosas que, en ese momento, dan sentido a la vida, aunque aún no logremos clarificar completamente el sentido de nuestra existencia. A veces, solo hace falta conectar con lo valioso del presente y observar cómo la escenografía de nuestra vida se ilumina a través de nuestros actos y experiencias únicas.
Cuando esto ocurre, dejamos de enfocarnos en lo que falta para comenzar a agradecer los regalos que la existencia esconde para nosotros. Al encontrar la llave de la actitud —esa que abre la mirada hacia las posibilidades— podemos dirigir nuestra atención hacia distintos caminos: metas por cumplir, personas a quienes amar o causas que abrazar.
Posiblemente te encuentras redirigiendo la brújula de tu vida hacia nuevos horizontes y eso, en ocasiones, impide que tengas claridad sobre las metas a mediano o largo plazo. Si es así, comencemos por las pequeñas metas del día: hacer ejercicio, alimentarnos sanamente, dormir lo suficiente, disfrutar nuestros hobbies o salir a caminar bajo el sol durante veinte minutos.
A veces la soledad nos confronta y nos obliga a escuchar nuestra propia voz, dando paso a diálogos internos catastróficos, culpabilizantes o negativos. Es en ese momento cuando podemos permitir que el pensamiento se inunde de todo ello hasta llegar a un estado de apatía, o bien, convertirnos en los jinetes de ese caballo desbocado en el que se transforma la mente cuando entra en ansiedad.
Desde ahí, el amor puede convertirse en la mejor medicina: brindarnos compasión en nuestros pensamientos y permitir que la experiencia siga su curso hasta expresarles a nuestros seres queridos lo importantes que son para nosotros. Y aun si en este momento la red de apoyo pareciera limitada, siempre podemos elegir trabajar por una causa, por un ideal que nos impulse a poner esfuerzo y empeño al servicio de los demás, haciendo así que los días realmente cuenten.
El sentido de la vida es la suma de todas estas decisiones diarias que van trazando un camino claro hacia un propósito, mismo que se revela poco a poco en el día a día. Así como un retrato requiere tiempo para revelarse, el ser humano se va esclareciendo conforme a las decisiones y acciones que toma paso a paso.
Mientras más conscientes y conectadas estén nuestras decisiones con nuestra esencia, más probable será experimentar una satisfacción profunda por lo vivido. Sin embargo, a veces buscamos la felicidad únicamente en actividades que nos llenan de placer inmediato, olvidando que aquello que tiene verdadero sentido no siempre es fácil e incluso puede exigirnos pequeños sacrificios para orientarnos hacia lo valioso.
Si en este momento atraviesas dudas o preguntas existenciales, vuelve la mirada hacia ti e imagina que ahora es la vida quien te pregunta: ¿qué tienes para mí? ¿Desde tus virtudes y tus valores, qué le darás al mundo?
Es importante recordar que el mundo necesita mucho más de ti en acción que detenido únicamente en las preguntas. Muchas veces, las respuestas aparecen en nuestras decisiones y en nuestros actos cotidianos. Recuerda también que no actuar o procrastinar también es una decisión; sin embargo, solamente tú puedes elegir cuándo saldrás de ahí.
Que tus sueños se conviertan en objetivos claros, con fecha y dirección, y que estén enmarcados en las experiencias, las creaciones, el servicio y el amor que entregas a los demás.
Por la Dra. Elsa Edith Ríos Juárez
Directora del Instituto de Análisis Existencial y Logoterapia de Chihuahua





