Cuidar con amor vs. sostener con sacrificio

por | May 18, 2026 | Opinión

En nuestras sociedades, desde la antigüedad, el rol del cuidado ha sido asignado principalmente a las mujeres. Desde las primeras civilizaciones, eran los hombres quienes salían de cacería, mientras las mujeres se encargaban de la recolección de frutos y del cuidado de los espacios elegidos como hogar para la tribu.

Esta forma de organización dio origen a roles de género y estereotipos que colocaron al hombre en la “vida pública” y a la mujer en la “vida privada”.

Si bien estas estructuras permitieron cierta organización social, también trajeron consigo un daño colateral: la distribución desigual del poder, basada en el “valor” otorgado al aporte económico y de supervivencia que realizaban los hombres, mientras que las tareas relacionadas con el hogar, la crianza y el cuidado de niños, enfermos o adultos mayores fueron minimizadas y poco reconocidas. Sin embargo, ambas funciones son esenciales para mantener el equilibrio y la sostenibilidad de cualquier comunidad.

En la actualidad, conforme las mujeres hemos accedido a la vida pública, al trato digno, a espacios libres de violencia e incluso a la participación política, también se ha abierto una brecha importante de la que poco se habla y que muchas veces permanece invisible: la triple jornada.

El trabajo profesional, el cuidado de los hijos o del hogar y la atención a los padres o adultos mayores suelen coexistir en la vida cotidiana de muchas mujeres.

El impacto emocional y mental de esta carga puede ser profundo. Nos debatimos entre la satisfacción que brinda cuidar desde el amor —porque cuidar también da sentido a nuestra existencia— y el peso de sentir que debemos sostenerlo todo desde el sacrificio, incluso relegando nuestras propias necesidades y el autocuidado.

Ahí es donde aparece el riesgo: encontrar tranquilidad en saber que todos están bien, mientras nuestra identidad comienza a diluirse alrededor de complacer y cuidar a los demás.

Por ello, el desgaste del cuidador es inevitable si no aprendemos a mirarnos también a nosotros mismos. Quienes desempeñamos estos roles necesitamos reconocer que el autocuidado no es un lujo ni un acto egoísta, sino una condición indispensable para sostener la vida cotidiana de manera saludable.

Podemos recordar la recomendación que nos hacen antes de despegar en un vuelo: “Si necesitas asistir a alguien, primero colócate tú la mascarilla de oxígeno y después ayuda a quien depende de ti”.

La metáfora es poderosa.

Comenzar el día haciendo ejercicio, hidratarnos adecuadamente, cuidar nuestros hábitos de sueño, hacer pausas para respirar o meditar, escribir un diario de gratitud y prestar atención a nuestros diálogos internos son pequeños actos que fortalecen nuestra salud emocional. También es importante aprender a vencer la voz de la autoexigencia y dejar de estirar la agenda más allá de nuestros propios límites físicos y emocionales.

Llegar a la etapa de la vida en la que nuestros padres comienzan a depender de nosotros nos confronta inevitablemente con la finitud de la existencia. Y entonces surgen preguntas profundas:

¿Cómo quiero vivir mi vida?
Si mañana muriera, ¿qué me gustaría que dijera mi epitafio?

Sin duda, las personas nos recordarán por nuestra esencia, nuestras virtudes y los momentos compartidos que dejaron huella en sus corazones. Rara vez seremos recordados por nuestras medallas, nuestros sacrificios o nuestros logros materiales.

Hoy te invito a llenar tu vida de sentidos que aporten valor tanto a tu existencia como a la de quienes te rodean. A vivir de manera libre, pero también responsable contigo mismo. A detenerte en los pequeños instantes que alimentan el alma de alegría. A soltar aquello que no puedes cambiar ni controlar y agradecer, desde lo profundo del corazón, cada uno de los milagros cotidianos que ocurren mientras seguimos vivos.

“La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida”.

Cuando nos liberamos de cargas innecesarias, abrimos espacio para que el vacío se llene de oportunidades para sonreír.

Por la Dra. Elsa Edith Ríos Juárez}

Directora del Instituto de Análisis Existencial y Logoterapia de Chihuahua

Alfredo Martínez

Alfredo Martínez Sosa es Editor en Jefe de Noticieros Radiorama, donde encabeza el trabajo informativo con responsabilidad, liderazgo y compromiso hacia la audiencia. Con más de 20 años de experiencia en el periodismo, ha desarrollado una sólida trayectoria en medios de comunicación, destacando por su capacidad de análisis, su rigor profesional y su visión crítica de la realidad social y política de Chihuahua y del país.