La llegada del verano nos brinda una valiosa oportunidad para conectar con la vida desde una mayor consciencia y sensibilidad. Esta temporada nos regala más horas de luz solar, permitiendo que nuestro sistema nervioso reciba los beneficios de una mayor producción de vitamina D, la cual influye positivamente en nuestro estado de ánimo, energía y bienestar general.
El verano también nos invita a mover el cuerpo y a disfrutar de los espacios al aire libre —siempre con moderación y cuidado ante las altas temperaturas—. Una caminata, algunos estiramientos, momentos de meditación o simplemente contemplar la naturaleza pueden convertirse en experiencias que favorezcan la liberación de tensiones y la recuperación del equilibrio físico y emocional.
Además, esta época suele asociarse con el descanso, las vacaciones y la posibilidad de hacer una pausa en el ritmo cotidiano. Cuando nos permitimos planear tiempo libre, convivir con las personas que amamos y reconectar con entornos naturales, nuestro organismo encuentra nuevas formas de regulación que fortalecen nuestra capacidad para afrontar los retos y responsabilidades de la vida diaria.
La mitad del año también representa una excelente ocasión para reflexionar sobre nuestras metas y revisar el rumbo que hemos tomado. Es momento de preguntarnos si nuestras acciones actuales siguen alineadas con aquello que deseamos construir. En este proceso, resulta fundamental responder a una pregunta esencial: ¿para qué?. Cuando nuestras metas están vinculadas a un propósito significativo, encontramos la fuerza necesaria para continuar avanzando incluso en los momentos en que la motivación disminuye.
Asimismo, el verano puede convertirse en un espacio para la reconexión desde la gratitud. Reconocer las bendiciones, aprendizajes y oportunidades que hemos recibido durante los primeros meses del año nos permite fortalecer nuestro “equipaje de herramientas” para continuar el camino. Desde esta postura, avanzamos conscientes de lo que hemos recibido de la vida y comprometidos con aquello que aún podemos aportar al mundo a través de nuestras acciones, decisiones y coherencia personal.
Por ello, te invito a cerrar los ojos por un momento y visualizar la imagen de ti disfrutando plenamente esta temporada. Imagina los colores, sonidos, aromas y emociones que acompañan esos instantes de bienestar. Visualízate compartiendo momentos significativos con las personas que amas, construyendo recuerdos memorables y regalándote espacios de autocuidado que incluyan movimiento, descanso, hidratación y una nutrición adecuada para tu cuerpo.
Cuando conectes con la emoción de proyectar una mejor versión de ti, recuerda que la felicidad no es un destino al que se llega, sino una forma de caminar por la vida. Cada día tienes la oportunidad de elegir qué actividades, hábitos y experiencias incluir en tu agenda para vivir esta temporada con mayor plenitud y consciencia.
Suelta aquello que no fue, agradece lo aprendido y abre tu corazón para recibir y construir lo que está por venir. Porque una vida con propósito implica abrazar el esfuerzo cotidiano para acercarnos a la luz que habita en nuestro interior; esa misma luz que el sol del verano parece recordarnos e invitarnos a encender.
Por la Dra. Elsa Edith Ríos Juárez
Directora del Instituto de Análisis Existencial y Logoterapia de Chihuahua








