Ser amables con nosotros mismos

por | May 13, 2026 | Opinión

Cuando los resultados de nuestras decisiones no nos sonríen, cuando nuestra historia se ve marcada por el fracaso o los errores, es común adoptar una postura de juicio y autocrítica como consecuencia de la frustración o la desilusión que aparecen al tropezar en el camino. Sin embargo, trazar una vida con propósito implica mirar siempre hacia el otro lado del sendero: hacia esa mejor versión de nosotros mismos que se encuentra en construcción y que, con frecuencia, nace precisamente de las equivocaciones.

El ser humano, social por naturaleza, tiende a tejer redes y concentrarse en grupos definidos por coincidencias y puntos de encuentro. En estos escenarios, suele resultarnos relativamente sencillo brindar la mano a nuestros amigos o personas cercanas y mostrar empatía cuando atraviesan momentos difíciles. Sin embargo, adoptar esa misma postura con nosotros mismos suele ser mucho más complicado.

A veces nos reprobamos por los errores cometidos y generamos conversaciones internas que nos señalan; nos convertimos en nuestros propios verdugos. En esos rincones del sentimiento aparecen la culpa e incluso el resentimiento, emociones que, al instalarse en el corazón, pueden generar acumulación de tensión y, en ciertos momentos, incluso conductas autodestructivas.

Por ello, la autocompasión se convierte en la llave para trascender aquello que frustra e invalida nuestra capacidad de afrontamiento. La autocompasión está respaldada por pensamientos de bondad hacia nosotros mismos; implica tratarnos con calidez para permitir que se activen sentimientos de consuelo y reconforte. Esto nos lleva a preferir el apoyo de nuestros grupos cercanos antes que el aislamiento.

Entonces, al abrirnos a la mirada amorosa de los demás —que también refleja el amor que somos capaces de brindarnos desde la autocompasión— se abre la puerta para transitar el dolor, validarlo y sentirlo con consciencia plena, incluso antes de racionalizarlo para encontrar una solución.

Cuando nos permitimos sentir y vulnerarnos, comenzamos a reescribir nuestra historia. Empezamos a desenterrar los aprendizajes escondidos debajo del dolor y la frustración. Al permitir que las emociones nos habiten, poco a poco comienzan a surgir las soluciones, y esto activa un nuevo nivel de conciencia que nos conduce al perdón hacia nosotros mismos y hacia los demás. Es entonces cuando esa fractura interna permite el florecimiento de nuevas herramientas para la vida.

Perdonar y perdonarse nos permite llevar un equipaje suficiente, pero ligero, hacia las siguientes etapas de nuestra existencia.

Ahora te invito a reflexionar para lograrlo:

  1. Elabora una lista de las situaciones que te duelen o te han dolido.
  2. Imagina que las tienes frente a ti y conecta con ellas como si fueran un objeto simbólico fuera de ti.
  3. Permite que la emoción te habite: ira, tristeza, frustración, dolor o culpa.
  4. Visualiza la situación con aceptación y siente cómo tu corazón se expande al permitir que los sentimientos fluyan.
  5. Contempla lo que sientes e imagina que lo dejas ir.
  6. Al dejarlo ir, observa cómo esas emociones vuelan lejos de ti, como mariposas que adornan tu jardín.

Asimismo, cuando enfrentamos el dolor somos como crisálidas que se resguardan por un momento y viajan hacia adentro para transformarse. Después, podemos abrir nuestras alas y volver a volar.

Por la Dra. Elsa Edith Ríos Juárez
Directora del Instituto de Análisis Existencial y Logoterapia de Chihuahua

Alfredo Martínez

Alfredo Martínez Sosa es Editor en Jefe de Noticieros Radiorama, donde encabeza el trabajo informativo con responsabilidad, liderazgo y compromiso hacia la audiencia. Con más de 20 años de experiencia en el periodismo, ha desarrollado una sólida trayectoria en medios de comunicación, destacando por su capacidad de análisis, su rigor profesional y su visión crítica de la realidad social y política de Chihuahua y del país.