Si algo siempre sucede en la política de este pais, es que los puestos de poder van cambiando de partidos cambian de nombres, de colores, de candidatos y hasta de discurso, pero con el paso del tiempo terminan ocupando el lugar que alguna vez criticaron.
Y nuestro Chihuahua parece estar viviendo precisamente eso.
Porque si uno mira el tablero político del estado con un poco de distancia, pareciera que los papeles se intercambiaron.
El PAN, aquel partido que durante décadas representó la alternativa frente al viejo régimen priista, hoy se ha convertido en buena medida en el partido del sistema chihuahuense por excelencia. Es el partido que «sabe» administrar, que gobernar y que representa una parte importante de esa identidad política tradicional del estado.
Morena, por el contrario, ocupa ahora el papel que alguna vez desempeñó el PAN: la oposición que quiere romper la hegemonía, cuestionar al gobierno establecido y presentarse como la alternativa frente a quienes llevan años administrando el poder.
Y mientras tanto está el PRI.
Ese viejo pero bien sabio partido que alguna vez fue el sistema, hoy tiene una oportunidad curiosa: convertirse en la alternativa frente a los dos sistemas que ahora se disputan Chihuahua.
¿Pero como sucedió eso?
En Chihuahua el panismo encontró algo que pocos partidos consiguen: una especie de matrimonio político con la identidad local. Supo pegarle a ese Chihuahuita de closet que es aspiracional o aesthetic , dirian los chavos; se han sabido identificar con valores como la propiedad, el trabajo, la iniciativa privada, el orden y una visión más conservadora de la política.
El PAN supo leer eso.Y durante años convirtió esa coincidencia ideológica en una estructura electoral.
Pero cuando un partido permanece demasiado tiempo en el poder ocurre algo inevitable: deja de ser alternativa y comienza a convertirse en gobierno y eso, a la gente le desgasta.
Ya no basta con señalar «ellos son los malos» por que ahora hay que explicar por que no «jalan» los semáforos, si faltan medicinas en los hospitales, por que tantos baches en las calles y todos aquellos temas que tienen que ver con la seguridad, el transporte, el agua y eso que no aparece en los discursos pero que el ciudadano encuentra todos los días cuando sale de su casa.
El PAN pasó de ser el que cuestionaba al gobierno a ser el gobierno al que cuestionan.
Pero en el estado Morena juega el papel del PAN hace algunos años, fuera de como llego y su discurso nacional que funciona en el pais…pues no le abona a convertirse en una opción palpable para el Chihuahuense.
La fórmula que funcionó en otros estados no necesariamente tiene que funcionar aquí.
Aquí todavía pesa la familia, pesa el apellido, pesa la opinión del abuelo que fue priista, pesa el hueso que le dan al amigo y sobre todo, esa costumbre muy chihuahuense de desconfiar de quien viene a decirnos desde afuera cómo tenemos que pensar.
Y es ahi donde aparece el PRI, aquí comienza lo interesante.
Porque mientras todos están viendo la pelea entre azul y guinda, el tricolor podría encontrarse frente a una oportunidad que hace algunos años parecía imposible.
No necesariamente regresar al PRI de antes: Eso ya no existe y quizá tampoco debio de existir. El PRI tendría que convertirse en otra cosa: una nueva alternativa política.
Que reconozca sus errores, porque vaya que los tiene, pero que también entienda algo que los demás parecen olvidar: gobernar no solamente consiste en ganar elecciones. El PRI tiene estructura territorial, memoria política y una cantidad importante de personas que conocen la administración pública.
Por que lo que le falta es lo más difícil: TENER CREDIBILIDAD
Y aquí aparece la ironía.
Es como si la política mexicana hubiera decidido jugar a las sillitas: cuando se acaba la música, todos terminan sentándose en el lugar que antes ocupaba su adversario.
Porque el ciudadano ya no está buscando al PRI de antes, ni al PAN de antes, ni necesariamente al Morena que funciona en otros lados. Está buscando algo mucho más sencillo:
Que alguien resuelva, y quizá ahí esté la verdadera elección de 2027.
Porque los partidos pueden ciclarse, cambiar de piel y ocupar nuevamente los espacios de sus antiguos adversarios.Pero el ciudadano también aprende.Y cuando aprende, la política deja de ser una herencia familiar para convertirse en una decisión.
El poder cambia de manos; la memoria del ciudadano, no.










