Como que cada quien anda en su rollo. Da la impresión de que no existe un verdadero plan que articule al Gobierno del Estado y a los municipios para impulsar una política pública integral en materia de turismo, desarrollo económico y desarrollo social en las zonas con mayor potencial turístico de Chihuahua. Cada quien parece jalar para su molino, cada autoridad impulsa sus propias ocurrencias y, así, difícilmente habrá crecimiento.
En días pasados recorrimos algunos de los puntos obligados de la Sierra Tarahumara: San Juanito, Bocoyna y Creel, lugares privilegiados por la naturaleza, rodeados de bosques, lagos, valles, cascadas y, por supuesto, las imponentes Barrancas del Cobre. Son destinos que despiertan un enorme interés entre los propios chihuahuenses, el turismo nacional y visitantes de distintas partes del mundo. Sin embargo, también es inevitable sentir cierta pena cuando quienes vienen de fuera encuentran pueblos que, en muchos aspectos, lucen prácticamente igual que hace 30 años.
Creel, principal puerta de entrada a las Barrancas del Cobre y punto de partida del tren hacia Los Mochis, Sinaloa, es el mejor ejemplo. Basta alejarse unas cuantas cuadras de la avenida principal para encontrar calles descuidadas, espacios públicos deteriorados y una imagen urbana que dista mucho del potencial turístico del lugar. La impresión es que la autoridad municipal hace muy poco para mantener un destino que representa a Chihuahua ante México y el mundo.
Los propios habitantes señalan que parte del problema radica en las viejas rivalidades políticas entre Creel y San Juanito, diferencias que durante años han frenado proyectos comunes sin entender que, al final, los únicos perjudicados son los habitantes de la región. A ello se suma un tema que tampoco puede ignorarse: la presencia de grupos delictivos. Paradójicamente, algunos pobladores aseguran que estos grupos no afectan directamente al turismo e incluso llegan a imponer más orden que las propias autoridades, una percepción que, de ser cierta, debería preocupar profundamente a quienes tienen la responsabilidad de gobernar.
Hace falta una visión mucho más amplia. Municipios que reciben miles de visitantes al mes no requieren únicamente grandes inversiones; también necesitan atención a los pequeños detalles que hacen la diferencia: limpieza permanente, fachadas cuidadas, pintura, señalización, orden visual, espacios públicos dignos y una imagen que invite a regresar. Son acciones sencillas, pero con un enorme impacto en la experiencia del visitante.
Surgen entonces varias preguntas. ¿Qué tanto puede y debe intervenir el Gobierno del Estado para fortalecer municipios que representan una de las principales cartas de presentación turística de Chihuahua? ¿Qué es lo que realmente falta: recursos, coordinación o simplemente voluntad política para trabajar en un mismo proyecto?
Mientras tanto, quienes sostienen buena parte de la actividad turística son los comerciantes, hoteleros, restauranteros y prestadores de servicios, que con su propio esfuerzo buscan mantener atractivos estos destinos porque, al final, son los primeros interesados en que el turismo siga llegando. Sin embargo, no pueden cargar solos con una responsabilidad que corresponde también a los gobiernos.
Chihuahua tiene una de las regiones naturales más espectaculares del país y un enorme potencial para convertirse en un referente internacional. Lo que hace falta es dejar de trabajar de manera aislada, construir una estrategia común y entender que el turismo no es un asunto de un solo municipio, sino un motor de desarrollo para todo el estado.
Y también hay una responsabilidad que nos corresponde a quienes visitamos estos lugares. Cuidar el medio ambiente, no tirar basura, respetar a las comunidades, consumir local y aportar ideas que ayuden a mejorar. Porque si todos exigimos un mejor destino turístico, también debemos contribuir a conservarlo. Esa es, al final, nuestra opinión.








