
Por fin parece que Mápula comienza a ver la luz al final del túnel. Después de años de esta su novela judicial , el Municipio obtuvo un fallo favorable que abre la puerta para continuar con el proyecto.
Pero aquí viene la primera aclaración: tener luz verde en tribunales no significa que mañana veremos entrar el primer camión de basura a Mápula. El proyecto todavía necesita cumplir etapas, se ganó una batalla, pero la guerra todavía tiene varios capítulos.
El actual relleno sanitario lleva más de tres décadas operando y su capacidad llego al limite. A eso se sumaron las constantes quejas de vecinos de la zona y el entorno de la salida a Aldama por olores, humo, incendios y otros problemas asociados al sitio. El propio Municipio reconoce que la intención del nuevo proyecto es sustituir al actual y que, cuando Mápula entre en operación, comenzaría la clausura del relleno de Aldama, ese es plan.
Pero…
¿Quién gana?
Primero, gana el Gobierno Municipal. Porque políticamente esto es un golazo .La administración que durante años cargó con el problema del relleno sanitario puede decir ahora: “se los dije, sí había solución”.
Y eso, en política, vale oro.
Gana también el partido en el poder, porque una obra de esta magnitud puede convertirse en una de esas fotografías de campaña donde se vende al electorado que Chihuahua está entrando a una nueva era ambiental.
Ganan, al menos en perspectiva, los vecinos de Romanzza, El León y las zonas cercanas al actual relleno.
¿Y quién pierde?
Aquí aparecen los propietarios de terrenos cercanos al actual relleno. Porque durante años algunos pudieron imaginar que aquella zona, con el crecimiento de Chihuahua, terminaría convirtiéndose en una de esas grandes reservas inmobiliarias del futuro.
La teoría era sencilla: ciudad creciendo, terrenos disponibles, infraestructura acercándose y, algún día, plusvalía. pero ahora resulta complicado vender el sueño de la gran expansión urbana teniendo un relleno sanitario como vecino.
Y ahí comienza la verdadera historia. Porque cuando el mercado detecta una oportunidad, aparece el empresario que ve negocio donde los demás ven un problema.
Y aquí es donde aparece Mápula
Porque Mápula puede convertirse en la nueva manzana de la discordia de Chihuahua. Hoy hablamos de un relleno sanitario, mañana de terrenos baratos, en meses de fraccionamientos, en pocos años de viviendas económicas Y finalmente de familias viviendo alrededor de un sitio que originalmente estaba pensado para estar lejos de la mancha urbana por los problemas que con lleva la basura
¿y esto por que?
Por que alguien vende barato porque considera que un relleno sanitario cerca le quitará valor a su propiedad y otro compra barato porque piensa que el crecimiento de la ciudad terminará absorbiendo la zona. Meses mas tarde llega un desarrollador y entonces aparecen calles, agua, luz
Y cuando nos demos cuenta tendremos una nueva colonia preguntando:
“¿¡Por qué construyeron un relleno sanitario aquí!?”
El problema nunca fue el basurero
El problema no es Mápula ni tampoco es únicamente el relleno actual.
Tenemos una ciudad que crece, que consume, que produce más basura y que necesita infraestructura pero también tenemos inversionistas que ven cada árbol caído como una oportunidad para hacer leña.
Y ahí está el peligro.
Porque cuando un terreno pierde valor por una razón, alguien siempre estará dispuesto a comprarlo barato y cuando después ese terreno se convierte en vivienda, el problema deja de ser de quien invirtir para pasar a ser de las familias que viven ahí.
Y entonces aparece el clásico ciudadano indignado:
“¿Cómo permitieron construir esto aquí?”
El problema no es que alguien haga una fogata porque tiene frío. El problema es que nadie se dé cuenta de que la fogata, con el tiempo, puede convertirse en incendio.
Mápula puede ser una solución necesaria para una ciudad que ya no puede seguir dependiendo indefinidamente del relleno actual pero también puede convertirse en el principio de otro problema si no existe una verdadera planeación territorial.
Lo difícil es conseguir que ambos puedan convivir sin que dentro de veinte años volvamos a escribir exactamente la misma columna, pero con otros nombres.








