Las calabazas comienzan a acomodarse rumbo al 2027 dentro del PAN. Se sabe que en días recientes hubo una importante encerrona política entre la gobernadora Maru Campos y el alcalde Marco Bonilla. También trascendió que algunos empresarios influyentes de la entidad acudieron al llamado, en una reunión donde, según los corrillos políticos, comenzaron a delinearse las rutas del proyecto electoral para los próximos años.
Y es que la grilla interna empieza a calentarse porque cada vez hay señales más claras sobre quiénes encabezarían las principales apuestas del panismo. En los círculos políticos se da prácticamente por hecho que Marco Bonilla será el proyecto para la gubernatura, mientras que Santiago de la Peña se perfila para buscar la Presidencia Municipal de Chihuahua.
Si esa ruta termina consolidándose, vendrá una de las etapas más delicadas de cualquier proceso político: la operación cicatriz. Porque una cosa es definir quiénes encabezarán los proyectos y otra muy distinta lograr que todos los grupos se mantengan unidos una vez tomada la decisión. Como decía aquella vieja máxima de la política priista: “chino que fuera, es nuestro candidato y hay que apoyarlo”.
Ahí estará el reto. Los distintos aspirantes tendrán que ser llamados a la mesa, incorporados al tablero y convencidos de que existe una estrategia integral para los municipios, los distritos locales y los federales. La meta será evitar fracturas internas y concentrar esfuerzos en la competencia que se avecina frente a una oposición que también comienza a mover sus piezas.
De acuerdo con diversas proyecciones políticas, Marco Bonilla podría separarse de la alcaldía hacia octubre, cuando inicie formalmente el proceso electoral, mientras que Santiago de la Peña eventualmente tendría que tomar sus propias decisiones para contar con plena libertad de operación política.
Sin embargo, antes de cualquier definición todavía queda una negociación fundamental: la alianza con el PRI. Y ahí tampoco todo es terso. Dentro del priismo existen grupos que plantean resistencias, exigen espacios y buscan que una eventual coalición se construya sobre acuerdos reales y no únicamente sobre la suma de logotipos. Porque una alianza de membrete sirve para la fotografía, pero una alianza efectiva requiere que todos los actores se sientan representados.
En la capital del estado hay espacios importantes en juego, pero también una larga lista de aspirantes. En términos prácticos, se disputarán la Presidencia Municipal, la Sindicatura, cinco distritos locales y dos distritos federales, además de los espacios plurinominales que eventualmente entren en la negociación. Será en esa distribución donde deberán encontrarse los equilibrios políticos necesarios para que todos remen en la misma dirección cuando llegue la hora de la campaña.
Porque nadie quiere que, al momento decisivo, aparezcan los ensarapados que trabajan para un proyecto mientras aparentan apoyar otro.
Así comienza a tomar forma el verano político rumbo al 2027. Un escenario que desde ahora se perfila intenso, polarizado y altamente competitivo. Marco Bonilla ya se colocó los guantes y todo apunta a que asumirá buena parte de la narrativa que ha impulsado Maru Campos en defensa de Chihuahua frente a lo que ambos han señalado como decisiones e imposiciones provenientes del centro del país.
Los tambores electorales comenzaron a sonar antes de tiempo. Y buena parte de esta nueva etapa política tiene su punto de partida en la confrontación que detonó el caso del presunto narcolaboratorio en la sierra de Chihuahua y las consecuencias políticas que vinieron después.
Aún falta mucho camino por recorrer, pero el tablero ya comenzó a moverse.
En la Opinión: Marco Aurelio Guevara y Juan Pablo Macías.









