Chihuahua no es una isla dentro del proceso electoral del 2027. Forma parte de una elección donde estarán en juego 17 gubernaturas, y la verdadera negocia no se resuelve únicamente en los estados, sino en las dirigencias nacionales de los partidos. Claro que cuentan los gallos y las gallinas que andan en la jugada, pero el tablero se acomoda de acuerdo con las conveniencias políticas de cada instituto.
Por eso lo que hemos visto hasta ahora apenas son tiros de calentamiento. Algunos sirven para medir el ánimo de la raza; otros buscan posicionar a determinados personajes. Sin embargo, la historia política nos ha enseñado una y otra vez que del plato a la boca se cae la sopa.
Todavía falta mucho por ver. Pasado el Mundial de Futbol todos volverán a acelerar el paso. Mientras tanto, el PRI anda concentrado en la integración de su próximo Consejo Político Estatal. Cientos de militantes y simpatizantes ya levantaron la mano para convertirse en los llamados «Defensores de México y de Chihuahua», y en los próximos días recibirán su tradicional chaleco tricolor. Si los de Morena son guindas y los del PAN azules, los priistas tendrán que presumir el rojo o el tricolor… ¡verdes no!, no vaya a ser que los confundan con el Verde Ecologista, el del Tavo Borunda y compañía, aliados de Morena.
La verdadera negociación rebasa las cuatro paredes de Chihuahua. Alejandro Moreno y Jorge Romero, junto con los gobernadores de oposición y los liderazgos nacionales, serán quienes terminen definiendo cómo se repartirán las candidaturas, quién encabeza cada proyecto y bajo qué condiciones se construyen las alianzas. Dicen los enterados que Jorge Romero todavía le anda haciendo mucho al ensarapado y que aún no muestra todas sus cartas.
En el PRI presumen que tienen con qué negociar. Gobernan 19 municipios, cuentan con tres diputados federales de mayoría, dos plurinominales y representación en el Congreso local. Sus cálculos internos les dicen que pueden crecer, haya o no alianza con el PAN. Alejandro Domínguez sostiene que el partido ha medido con precisión la percepción ciudadana y asegura que muchas de las encuestas que los colocan abajo «son más falsas que una moneda de tres pesos». Según su lectura, el PRI comienza a recuperar terreno gracias, en buena medida, al desgaste de Morena.
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Y mientras unos hacen cuentas electorales, otros preparan movimientos administrativos.
Comentan que el secretario de Educación, Hugo Gutiérrez Dávila, trae su oficina en orden, afinando detalles y dejando todo listo por si se presenta un cambio en el gabinete.
La versión que corre es que, si Santiago de la Peña deja la Secretaría General de Gobierno para ir a la batalla electoral alrededor de octubre, Hugo Gutiérrez sería el perfil más sólido para ocupar esa posición durante el último tramo del gobierno de Maru Campos.
No sería un improvisado. Reúne experiencia política, conoce la operación gubernamental, ya ocupó esa responsabilidad en el pasado y mantiene buena interlocución con distintos grupos sociales.
Como diría el filósofo de Rubio: «le entiende, le gusta, le sabe… y además tiene tiempo».
Y algo habrá hecho bien cuando hasta los grupos más duros del SNTE, que normalmente no le regalan tranquilidad a nadie, hoy mantienen una relación institucional sin mayores sobresaltos.











