No cabe duda de que, como dice En el argot coloquial, ¡tiempos traen tiempos!
Y ni hablar: son tiempos políticos, son tiempos de grilla, y de grilla en todos los gremios, y unos con poco colmillo quienes pueden —con o sin necesidad, pero eso sí, con muuuucho interés— se suben al ring y comienzan a tirar guamazos.
Y los deportistas no son la excepción. O los acarrean, o los invitan, o de plano solitos se suben…
Un caso es el del ex basquetbolista Eduardo Nájera. Hace unas semanas vino a Chihuahua y se sentó muy campante al lado de funcionarios municipales y estatales, supuestamente para realizar una clínica y conectar a jugadores con universidades de Estados Unidos. Nada más falso.
Ahora resulta que, además le palpita el corazón como morenista, -es entendible también- Está casado con una alcaldesa de ese partido político en el sureste mexicano y, por si fuera poco, es cuatísimo de actores como el ex panista Miguel Riggs hoy regidor de morena. O sea, por ahí viene la cosa.
Y así, de pronto, anda tirándole a todo y contra todo lo que puede, quizá esperando que, por ser figura pública, algo le vaya a rosar o jalar agua a su molino.
Porque como jugador de Dorados y Doraditos se ganó el respeto y el cariño de mucha gente. Muchos lo siguieron desde sus años colegiales en Estados Unidos y, por supuesto, hasta la NBA.
Pero ahora parece pasarle lo mismo que a tantos otros: el hambre de seguir figurando, aunque sea metiéndose entre el soquete de la guerra sucia.
Una lástima, porque una cosa es la trayectoria deportiva y otra muy distinta es prestarla —o ponerla— al servicio de la grilla política de coyuntura.
En la Opinión: Marco Aurelio Guevara y Juan Pablo Macías.








