Vivimos en la cultura del sprint: hacer más, llegar más lejos, alcanzar la siguiente meta. Pareciera que la vida es una carrera y que sentirnos realizados depende de todo lo que somos capaces de conseguir.
Es verdad que el esfuerzo puede acercarnos a nuestros objetivos. El problema aparece cuando esas metas nacen de la autoexigencia o de la necesidad de cumplir con las expectativas de los demás. Entonces podemos alcanzar aquello que tanto perseguimos y, aun así, experimentar una extraña sensación de vacío.
Porque no todo logro significa realización.
A veces llegamos a donde pensábamos que queríamos estar para descubrir que, en el camino, nos alejamos de nosotros mismos. Por eso vale la pena hacernos una pregunta aparentemente sencilla: ¿la vida que estoy construyendo realmente se parece a mí?
Volver a nosotros
Conocernos nos permite reconocer quiénes somos, qué valoramos y hacia dónde queremos dirigir nuestra vida. Cuando tenemos mayor claridad sobre nuestra identidad, también podemos tomar decisiones más congruentes con nosotros mismos.
Es entonces cuando el propósito deja de ser una gran respuesta que esperamos encontrar algún día y comienza a expresarse en las pequeñas decisiones de la vida cotidiana.
Vivir con sentido implica también preguntarnos: ¿qué puedo aportar al mundo desde aquello que soy?
Nuestra vocación puede ser una forma de responder.
Sin embargo, muchas personas llegan a algún momento de su vida preguntándose: “¿Estoy donde realmente quiero estar?”
Jóvenes que eligieron una carrera tratando de responder a las expectativas de otros. Profesionales que han construido trayectorias exitosas, pero que ya no se reconocen en ellas. Personas que cumplen diariamente con sus responsabilidades y, aun así, sienten que algo les falta.
En ocasiones hemos construido una vida que funciona perfectamente hacia afuera, pero que ha dejado de tener sentido hacia dentro.
Escuchar nuestra voz interior puede ayudarnos a reconocer si estamos recorriendo un camino que nos acerca a la plenitud o simplemente estamos viviendo en automático.
Conocernos también incomoda
Volver a nosotros mismos no siempre es fácil.
Conocernos requiere valentía porque implica cuestionar decisiones, reconocer contradicciones y mirar aquellas formas de ser que quizá construimos para protegernos, adaptarnos o responder a experiencias difíciles.
También significa reconocer nuestros miedos, culpas, pérdidas y sufrimientos. No para permanecer atrapados en ellos, sino para preguntarnos qué podemos hacer con aquello que nos ha ocurrido.
No podemos cambiar nuestra historia, pero sí podemos transformar la manera en que nos relacionamos con ella.
Cuando somos capaces de mirar nuestras experiencias desde el aprendizaje, comenzamos a construir una narrativa diferente: una historia que reconoce el dolor, pero que no permite que este defina por completo nuestra identidad.
Y entonces aparece otra tarea importante: soltar.
A veces crecer significa dejar atrás expectativas, creencias, hábitos o metas que durante mucho tiempo pensamos que debíamos conservar. Algunas incluso nos costaron años de esfuerzo. Pero no todo aquello que construimos tiene que acompañarnos para siempre.
Podemos conservar los cimientos que siguen siendo valiosos y, desde ahí, construir nuevas formas de vivir con mayor libertad y responsabilidad.
Cuando nuestras metas están conectadas con aquello que verdaderamente valoramos, nuestra forma de avanzar también cambia. Ya no caminamos únicamente por presión, reconocimiento o motivaciones pasajeras, sino porque encontramos una razón personal para hacerlo.
Impulsar sin empujar
Este proceso no solamente representa un reto individual. También nos invita a reflexionar sobre la manera en que acompañamos el crecimiento de otras personas, especialmente cuando somos padres, docentes o líderes.
Quizá necesitamos dejar de preguntarnos solamente “¿cómo hago para que esta persona dé más?” y comenzar a preguntarnos “¿qué necesita para descubrir y desarrollar lo mejor de sí misma?”
Acompañar no significa imponer un camino.
Significa impulsar sin empujar, orientar sin controlar e inspirar más con el ejemplo que con la exigencia.
Cada persona posee posibilidades que quizá todavía no ha descubierto. Cuando dejamos de mirar a los demás únicamente desde sus errores o limitaciones y comenzamos a reconocer también su potencial, podemos sorprendernos con aquello que son capaces de construir.
Una vida que se parezca a ti
Tal vez la tarea de hoy no sea hacer más.
Quizá sea detenernos un momento y preguntarnos:
• ¿Qué partes de mi vida representan verdaderamente quién soy?
• ¿Qué estoy sosteniendo solamente por miedo, costumbre o expectativas externas?
• ¿En qué estoy ocupando mi tiempo que me da la sensación de avanzar, pero en realidad me aleja de aquello que considero importante?
Y, sobre todo:
¿Qué pequeño cambio puedo hacer hoy para vivir con mayor autenticidad?
No necesitamos transformar nuestra vida de un día para otro. A veces el cambio comienza simplemente haciendo espacio para aquello que verdaderamente importa.
Porque alcanzar nuestros sueños no consiste únicamente en llegar lejos. También implica poder mirar la vida que hemos construido y reconocernos en ella.
Todos podemos construir una vida con sentido, siempre que el guion que seguimos sea verdaderamente nuestro.
Dra. Elsa Edith Ríos Juárez
Directora del Instituto de Análisis Existencial y Logoterapia de Chihuahua









