Libertad de expresión: el doble rasero

por | Sep 25, 2026 | Opinión

Pedro Torres Estrada

En México, sectores de la oposición repiten que vivimos bajo un gobierno que pretende censurar periodistas y acallar voces críticas. Sin embargo, basta encender la televisión, escuchar la radio, abrir los periódicos o recorrer las redes sociales para comprobar que todos los días se critica, cuestiona y hasta se insulta abiertamente a la presidenta Claudia Sheinbaum y a su gobierno.

México, desde luego, mantiene graves problemas para el ejercicio periodístico: asesinatos, amenazas, impunidad y presiones locales siguen siendo una realidad que debemos combatir. Reconocerlo es indispensable.

Pero una cosa es que un gobierno responda o confronte públicamente a un periodista y otra muy distinta utilizar el poder del Estado para restringir el trabajo de medios debido a sus decisiones editoriales.

Ahí conviene mirar hacia Estados Unidos.

Durante el segundo gobierno de Donald Trump, la Casa Blanca restringió el acceso de Associated Press a determinados espacios presidenciales después de que la agencia se negara a utilizar “Golfo de América” como criterio editorial en sustitución de Golfo de México. El conflicto llegó a los tribunales federales.

Y no fue un episodio aislado. Hace unos días, CNN, MS NOW y Politico demandaron a la administración Trump tras perder su acceso a la Casa Blanca para dar cobertura a esa instancia. Un juez federal ordenó temporalmente restituirlo al considerar que probablemente habían sido vulnerados derechos constitucionales de los medios.

Mientras tanto, en México, medios, columnistas, conductores y periodistas mantienen espacios desde los cuales cuestionan cotidianamente a Sheinbaum. La Presidenta ha sostenido que su conferencia matutina es también un espacio para responder a informaciones que considera falsas o imprecisas, pero ha dejado en claro que e esponder no es censurar. Criticar al periodista tampoco equivale, por sí mismo, a impedirle ejercer su profesión. La línea que ningún gobierno debe cruzar es utilizar las instituciones del Estado para silenciar voces por resultar incómodas.

Por eso sorprende el doble rasero de una parte de la oposición mexicana: denuncia una supuesta dictadura cuando Sheinbaum responde a sus críticos, pero guarda silencio o minimiza hechos mucho más concretos cuando ocurren bajo el gobierno de Trump.

La libertad de expresión no puede depender de simpatías políticas ni de fronteras. Si restringir a un medio por su línea editorial es inadmisible en México, también debe serlo en Washington.

México tiene pendientes y debemos enfrentarlos. Pero tampoco aceptemos que se construya artificialmente una narrativa de censura mientras las críticas al gobierno circulan todos los días con absoluta visibilidad.

La libertad de expresión se defiende con la misma vara para todos. Tanto en Palacio Nacional en México como en la Casa Blanca en Estados Unidos!

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