La relación entre la FIFA y la administración de Donald Trump volvió a colocarse bajo la lupa.
El congresista demócrata Jamie Raskin, integrante de mayor rango del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, solicitó formalmente al presidente del organismo, Gianni Infantino, entregar documentos, conservar registros y comparecer ante el Congreso para responder por los presuntos beneficios que la FIFA habría obtenido gracias a su cercanía con el mandatario estadunidense.
El caso revive además el fantasma de los históricos escándalos de corrupción que golpearon a la FIFA hace más de una década y amenaza con abrir un nuevo frente político para el organismo cuando aún prepara la organización del Mundial Femenil de 2031, que también tendría a Estados Unidos como uno de sus principales anfitriones.











