En el contexto actual de México, la persecución política puede entenderse como el uso del poder público, de las instituciones o de los recursos del Estado para intimidar, desacreditar o sancionar a personas o grupos por su postura política, ideológica o por ejercer críticas hacia el gobierno o actores con influencia política.
Aunque México se define constitucionalmente como un país democrático, la persecución política sigue siendo un tema presente y motivo de preocupación social.
En la actualidad, esta persecución no siempre se manifiesta de forma abierta o violenta, sino mediante prácticas más sutiles, como la utilización selectiva del sistema judicial, investigaciones administrativas con fines políticos, amenazas, hostigamiento o campañas de desprestigio en medios de comunicación y redes sociales.
Periodistas, defensores de derechos humanos, activistas sociales y opositores políticos suelen ser los sectores más vulnerables a este tipo de acciones.
Un elemento relevante en México es la relación entre la persecución política y la libertad de expresión. En algunos casos, la crítica al poder es respondida con descalificaciones públicas, estigmatización o intentos de silenciar voces incómodas, lo que genera un ambiente de autocensura y temor. Asimismo, el uso de redes sociales ha abierto nuevos espacios de participación ciudadana, pero también ha facilitado el acoso digital y la vigilancia contra quienes expresan opiniones contrarias a las narrativas oficiales.
La persecución política en México tiene consecuencias profundas para la vida democrática, ya que debilita la confianza en las instituciones, limita la participación ciudadana y afecta el derecho de la sociedad a estar informada. Cuando se castiga el disenso o se criminaliza la protesta social, se vulneran principios fundamentales como la legalidad, la justicia y el respeto a los derechos humanos.
Por ello, resulta fundamental reconocer la existencia de estas prácticas, fortalecer el Estado de derecho y garantizar que las instituciones actúen con imparcialidad.
Combatir la persecución política es esencial para consolidar una democracia auténtica en la que la diversidad de ideas sea respetada y donde el ejercicio de la crítica no sea motivo de represalias.
Hay razones fundadas en el momento actual para sostener que existe persecución política y que la tónica del oficialismo de Morena es perseguir a quienes piensan o pensamos distinto; hay que entenderlo para poder combatirlo.
Alex Domínguez







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