Durante la homilía dominical en Catedral, Constancio Miranda recordó que la fe y la humildad permiten afrontar las cargas de la vida con esperanza.
En su homilía de este domingo desde la Catedral Metropolitana de Chihuahua, el arzobispo Constancio Miranda Weckmann hizo un llamado a los fieles a acercarse a Dios con un corazón humilde, al asegurar que solo así es posible encontrar fortaleza y descanso frente a las dificultades, la enfermedad y las preocupaciones de la vida cotidiana.
Basado en el Evangelio del día, el jerarca católico explicó que Jesús revela los misterios del Reino de Dios no a quienes se consideran sabios o autosuficientes, sino a quienes viven con sencillez y apertura de corazón.
“Los entendidos y los sabios de este mundo muchas veces confían únicamente en su propia inteligencia y su soberbia les impide reconocer la presencia de Dios”, expresó durante su mensaje.
Monseñor Miranda Weckman señaló que la verdadera grandeza no se encuentra en el poder o el conocimiento humano, sino en la humildad para aceptar la voluntad de Dios, recordando que fueron personas sencillas, como los apóstoles, quienes reconocieron en Jesús al Mesías.
El arzobispo destacó las palabras de Cristo: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”, al señalar que ese llamado permanece vigente para todas las personas que atraviesan momentos de dolor, enfermedad, incertidumbre o cualquier tipo de sufrimiento.
Explicó que el “yugo” de Cristo no representa una carga más pesada, sino un camino de esperanza, paz y confianza que permite afrontar las pruebas de la vida con la certeza de que Dios acompaña a quienes ponen su confianza en Él.
Asimismo, afirmó que las cargas más difíciles que enfrenta el ser humano son las derivadas del pecado y del sufrimiento interior, pero recordó que Jesús ofrece el perdón y la fuerza necesaria para seguir adelante.
Finalmente, el Arzobispo invitó a los católicos a no perder la esperanza cuando enfrenten situaciones complicadas, al asegurar que Dios nunca permitirá una prueba superior a las fuerzas de quien confía en Él y siempre concederá la gracia necesaria para salir adelante.
La homilía concluyó con una invitación a encomendarse a la Santísima Virgen María, para que acompañe a los creyentes en los momentos de mayor dificultad y los conduzca siempre hacia el encuentro con Jesucristo.











