El camarada secretario de Salud federal, David Kershenobich Stalnikowitz, puso a Chihuahua como ejemplo nacional de lo que sí se debe hacer para contener una crisis sanitaria. ¿La receta? Simple y efectiva: a punta de “vacunazos”.
Chihuahua fue el epicentro del brote nacional de sarampión, pero no por descuido generalizado, sino por la existencia de comunidades muy focalizadas de personas no vacunadas, que terminaron siendo el canal de transmisión para importar la enfermedad desde Canadá y Estados Unidos, países donde aún persisten grupos importantes sin inmunización.
La gráfica presentada en la Mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum es contundente: tras alcanzar su pico a mediados de 2025, la curva de contagios en Chihuahua se desplomó rápidamente hasta prácticamente sofocar la epidemia.
Si bien es cierto que las vacunas llegaron desde la federación tarde, también es verdad que llegaron. Y ahí fue donde marcó la diferencia la preparación del estado. Desde antes de contar con las dosis, se organizó una respuesta inmediata que permitió actuar en cuanto se liberaron las vacunas. Varias dependencias estatales se coordinaron aportando personal, transporte y recursos materiales, lo que hizo posible que las dosis se aplicaran rápidamente en todos los municipios.
Esta experiencia fue comunicada a otros estados para que estuvieran al tiro, pues los brotes ya se veían venir. Chihuahua, a través de Gil Baeza, compartió con sus homólogos la estrategia para abatir el sarampión en el menor tiempo posible. Sin embargo, parece que a varios les pasó de noche la advertencia… quizá pensaron que a ellos no les iba a tocar.
Aquí, las medidas fueron claras: combinar las brigadas de salud con los programas sociales y alimentarios que llevan el DIF, Pueblos Indígenas y Desarrollo Humano a la Sierra; pero, sobre todo, exigir en las escuelas la Cartilla de Vacunación. El resultado fue inmediato: filas enormes de niños y jóvenes acompañados de sus padres en supermercados, plazas y centros de vacunación.
Chihuahua salió de la zona de alarma, y el caso llamó tanto la atención que incluso la Organización Panamericana de la Salud estuvo en el estado observando la estrategia aplicada. Hoy, el modelo chihuahuense se muestra como ejemplo para otros países.
Imagínese la bronca en los estados donde hoy el sarampión está en crisis, con varios fallecimientos por falta de vacunación. Son entidades que duplican o triplican la población de Chihuahua. A ver cómo logran “aplastar” el brote, como dice el propio Kershenobich.
Actualmente, siete estados enfrentan brotes severos: Jalisco, Colima, Chiapas, Sinaloa, Nayarit, Tabasco y la Ciudad de México. Algunos ya suspendieron actividades y volvieron al uso de cubrebocas en escuelas. Desde el Gobierno Federal, el mensaje es claro:
hagan lo que se hizo en Chihuahua.
Así de simple… y así de complicado cuando no se actúa a tiempo.







0 comentarios