El exalcalde Marco Quezada ya anda grillando en serio en pos de volver a ser. Está intentando amarrar respaldos al interior de Morena, particularmente de quienes no lo ven como parte de la “tribu”. Y aunque en la guerra de la encuestitis aparece como uno de los punteros, conviene poner los pies en la tierra… y esto aplica para todos los suspirantes, de todos los partidos.
Una cosa es salir alto en un sondeo de reconocimiento —que la raza conozca el nombre, sepa quién es o qué hizo— y otra muy distinta es la intención real del voto. No es lo mismo.
Para ponerlo en sencillo: si hoy preguntaran “¿sabe usted quién es Marx Arriaga, el de los libros de texto?”, seguramente muchos responderían que sí. Pero si la siguiente pregunta fuera: “¿lo contrataría como empleado en su negocio?”… oooooobvioooo, la mayoría diría que no.
Más o menos así pasa con varios aspirantes que se hacen prolongaciones mentales creyendo que porque la gente los ubica ya son máquinas electorales. Nada más alejado de la realidad.
En ese contexto, Marco Quezada subió un mensaje a redes sociales donde presume encuestas y hace un llamado a “dejar de lado los proyectos personales y asumir una visión más amplia, un proyecto que nos incluya a todos”.
Traducción política: vamos todos juntos… pero empujando mi candidatura.
La coyuntura existe. La presencia de Morena ha crecido en la capital; hay sectores donde las simpatías por la 4T son altas y el momento podría ser propicio para sacar la espina del distrito federal perdido en 2024. Sin embargo, lo verdaderamente complicado es lograr la unidad. En Morena, si algo sobra, son pleitos internos por las candidaturas, bajo el famoso método de las encuestas, y los grupos “puros” no dejan de ver a varios perfiles como arribistas.
Dicho todo lo anterior, el exalcalde no es un mal perfil. Tiene seguidores, muchos lo recuerdan con cariño por su paso por la presidencia municipal y su cercanía con las colonias. Hoy, con el paso del tiempo y las ganas de regresar, aplica aquella máxima del filósofo de barrio: tiene tiempo, le gusta, le sabe y cae bien.
La raza lo apapacha, sí… pero eso no alcanza. En estos tiempos —quizá como en todos— cobra vigencia aquella sentencia de Carlos Hank González:
“Un político pobre es un pobre político.”
Así que a juntar piedras para lo que venga, porque hacer política únicamente con recursos ajenos… simplemente no funciona.







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