AYER, la gobernadora Maru Campos encabezó el tradicional brindis navideño, ocasión en la que dejó claro que, rumbo a 2026, la instrucción para su gabinete es contundente: redoblar esfuerzos para cumplirle a la ciudadanía en el último año completo de su administración.
La mandataria fue enfática al señalar que quienes tengan aspiraciones políticas rumbo a 2027 deberán separarse de sus cargos, con el fin de garantizar piso parejo y respetar plenamente las disposiciones de la ley electoral.
Los retos para el cierre del gobierno de la primera mujer al frente del Ejecutivo estatal están claramente definidos: concluir las obras públicas en los distintos municipios, contener cualquier escalada en materia de inseguridad y, sobre todo, entregar finanzas sanas al próximo gobierno.
En este contexto, quienes hoy cargan con mayor responsabilidad dentro del aparato gubernamental —y que, no por casualidad, figuran entre los perfiles “candidateables”— son César Jáuregui, Rafael Loera, Santiago de la Peña y Gilberto Loya. Nada les llegará por generación espontánea ni por obra de la Virgen María: el posicionamiento se construye con resultados, trabajo y decisiones firmes.
Y MIENTRAS la política marca su propio ritmo, la Nochebuena nos recuerda otra verdad. No todo tiene que ser perfecto para ser feliz. A veces faltan personas, sobran recuerdos o el año pesa más de lo que quisiéramos. Sin embargo, aparecen los pequeños rituales: los regalos envueltos con ilusión, la música de fondo, las risas que brotan sin aviso y el amor que se cuela incluso en los silencios.
La felicidad se manifiesta en lo simple: en los detalles dados con cariño, en una anécdota que arranca una sonrisa involuntaria, en las miradas cómplices y en el valor de estar juntos. Es una felicidad serena, de las que no hacen ruido, pero llenan el corazón.
Vive en una risa sincera, en un abrazo que reconforta, en la certeza de que, al menos por un momento, todo está bien. Esta noche nos recuerda que la verdadera alegría no reside en lo material, sino en compartir, agradecer y amar.
Que la felicidad de esta Nochebuena no sea solo un instante, sino un recuerdo que nos acompañe y nos recuerde que, mientras haya amor, siempre habrá motivos para sonreír.






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