Nuestra Opinión: Efecto Maduro en México

Ene 8, 2026 | Opinión

La eventual caída de Nicolás Maduro representa la tapa de una cloaca que amenaza con destapar asuntos muy antiguos, otros de hace algunos años y varios de absoluta actualidad. Un escenario que recuerda, en cierta medida, al caso de Frank Lucas en Estados Unidos, cuando logró eliminar a los intermediarios de la mafia italiana al importar heroína directamente desde el sudeste asiático —específicamente del llamado Triángulo de Oro—, garantizando así mayor pureza y precios más bajos para el voraz mercado neoyorquino a finales de los años setenta. Para ello, utilizó personal militar y a un primo destacado en la Guerra de Vietnam, estableciendo su red de suministro en Tailandia y transportando la droga hacia Estados Unidos. Con el tiempo se supo que incluso empleó aviones y personal militar en esa operación.

De forma similar, a Maduro se le expone hoy en acusaciones que señalan que, desde hace al menos trece años, habría utilizado la embajada de Venezuela en México, así como personal militar y de la cancillería, para transportar droga y dinero de un punto a otro con total impunidad. El detalle crucial es que, en toda esta operación, habrían estado involucrados —sin lugar a dudas— funcionarios de diversas dependencias mexicanas: Relaciones Exteriores, Seguridad Nacional, Defensa y la Fiscalía General de la República. El asunto, en su complejidad y profundidad, parece material suficiente para una novela de Laura Restrepo.

El tema no es menor. Sus implicaciones podrían ser extremadamente profundas en las catacumbas del poder en México. Sin embargo, el alcance real de estas revelaciones dependerá, en gran medida, de la voluntad política de los gobernantes mexicanos, algo que hoy parece poco probable. En contrapeso, está la presión política y judicial que puedan ejercer los fiscales del Distrito Sur de Nueva York, alineados con los objetivos del presidente Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio, quien mantiene una fijación que va más allá de su función institucional: una animadversión personal contra los gobiernos encabezados por Díaz-Canel en Cuba, Gustavo Petro en Colombia y Daniel Ortega en Nicaragua, entre otros.

Como lo hemos señalado anteriormente, México no es Venezuela ni Nicaragua. A pesar de todo, México cuenta con un escudo muy poderoso. Tiene una historia profunda y estratégica junto a Estados Unidos; es el principal socio comercial del continente americano; comparte 3,185 kilómetros de frontera con la Unión Americana y genera exportaciones anuales hacia ese país por aproximadamente 474,696 millones de dólares. Somos vecinos —para muchos incómodos—, pero irremediablemente vitales y estratégicos.

Por ello, las expresiones desatinadas que aseguran que “México será el siguiente” o que “Trump debería venir por nuestros gobernantes” nacen de la profunda ignorancia y del desconocimiento del verdadero papel de México frente a Estados Unidos.

El capítulo que coloca a Trump como el presidente más cuestionado, pero también como uno de los más reconocidos en el escenario internacional, apenas comienza. Y no se quedará ahí. Trump necesita cumplir ante su electorado con el lema Make America Great Again, pero también exige respeto —o temor— de la región y reconocimiento de Europa, como parte de su estrategia para contener la influencia asiática en el continente americano. En ese contexto, México se verá inevitablemente en medio de la tormenta: el vecino del sur, conveniente, estratégico, pero permanentemente incómodo.

Juan Pablo Macias

Conductor y Reportero en Nuestras Noticias.

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