EL CASO ocurrido el pasado 13 de enero de 2026 ha causado conmoción: un menor de 11 años, identificado como Clayton, presuntamente disparó contra su padre, Douglas Dietz, de 42 años, luego de que éste le retirara una consola Nintendo Switch y lo enviara a dormir tras un regaño.
De acuerdo con los reportes judiciales, la madre del menor, Jillian, se encontraba en la habitación al momento de los hechos y su testimonio fue clave para reconstruir lo sucedido. Esta semana se realizó la primera audiencia, en la que el menor compareció bajo custodia.
Más allá del impacto mediático, el caso abre un debate complejo: el papel de la supervisión parental, el acceso temprano a contenidos digitales —incluidos videojuegos con temáticas violentas— y la salud emocional de niñas, niños y adolescentes. Especialistas han insistido en que ningún dispositivo, por sí mismo, explica una conducta extrema; sin embargo, sí pueden convertirse en un factor de riesgo cuando se combinan con falta de límites, aislamiento, problemas psicológicos o dinámicas familiares conflictivas.
El llamado, más que al pánico moral sobre el “metaverso” o la tecnología, es a la responsabilidad compartida: acompañamiento, reglas claras, diálogo constante y atención profesional cuando existan señales de alerta. Demonizar la tecnología no resuelve el fondo del problema; ignorarlo, tampoco.
EN EL TERRENO político, el senador Juan Carlos Loera de la Rosa manifestó su interés en buscar la presidencia municipal de Ciudad Juárez, respaldado —según afirmó— por mediciones que lo colocan en buena posición.
Juárez ha sido un bastión relevante para Morena, y Loera ya ha competido previamente en la frontera, lo que le otorga nivel de conocimiento entre el electorado. Sin embargo, la clave no estaría únicamente en las encuestas, sino en la conciliación interna entre grupos, particularmente con el equipo del actual alcalde Cruz Pérez Cuéllar. En política local, la operación y los acuerdos pesan tanto como la popularidad.
Además, todo dependerá de cómo se configure la candidatura a la gubernatura: ningún grupo puede aspirar a concentrar todas las posiciones sin generar fracturas. Las heridas internas suelen traducirse en campañas tibias o “brazos caídos”, un riesgo latente en cualquier partido.







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