La crisis hídrica del Río Colorado se ha convertido en lo que autoridades y analistas ya llaman “la madre de todas las batallas”, una disputa por el agua que pone en riesgo el abasto para más de 40 millones de personas en Estados Unidos y que tiene impacto directo en el norte de México, donde la escasez de agua ya es una constante.
En siete estados de Estados Unidos ubicados a lo largo del cauce, el suministro del vital líquido disminuye de forma acelerada. Uno de cada diez estadounidenses enfrenta condiciones de escasez, mientras que la mitad de la población de California ya vive un escenario crítico.
El Río Colorado es clave para las economías de Arizona, California, Nuevo México, Utah, Wyoming, Nevada y Colorado. Ciudades como Denver, Phoenix y Los Ángeles comienzan a resentir los efectos de la crisis, en un contexto donde la demanda urbana e industrial sigue creciendo.
Además, este afluente permite el riego de 2.2 millones de hectáreas agrícolas, desde los pastizales de Wyoming hasta los campos intensivos de Arizona y California, donde se producen lechuga, melón y cítricos que abastecen buena parte del mercado norteamericano.
En la antesala de elecciones intermedias en Estados Unidos, el tema del agua se ha convertido en un factor de presión política, con la posibilidad de que la Casa Blanca busque imponer un acuerdo o, por el contrario, detone un conflicto mayor bajo el liderazgo de Donald Trump.
En el centro del conflicto están los estados de la Cuenca Baja —California, Arizona y Nevada—, los mayores consumidores del río y dependientes de grandes presas administradas por el gobierno federal.






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