La Feria de Santa Rita volvió a colocarse en el centro de la conversación pública, y no precisamente por sus atractivos. El primer día de venta de boletos para el Palenque fue claro reflejo de una realidad contradictoria: taquillas abarrotadas, largas filas… y precios exagerados.
La alta demanda no significa satisfacción, sino falta de opciones. La gente compra porque es lo que hay, no porque la cartelera entusiasme. Y ahí está el problema: boletos con costos elevados para ver artistas que van de normales a francamente chafas, muchos de ellos repetidos y sin ningún peso internacional.
A pesar del discurso oficial, la Santa Rita sigue estando muy lejos de ser una Feria Internacional. No hay una oferta cultural diversa, no hay espectáculos de talla mundial ni una estrategia clara para atraer turismo fuera del estado. El nombre crece, pero el contenido no.
El modelo no cambia. Se insiste en lo mismo: palenque caro, juegos mecánicos, cerveza y ruido. Una fiesta de rancho bien organizada, sí, pero fiesta de rancho al final del día. Y no tiene nada de malo, siempre y cuando no se venda como algo que no es.
La Feria de Santa Rita es un evento emblemático para Chihuahua y maneja recursos importantes. Por eso la crítica no es exagerada, es necesaria. Si se va a cobrar como un espectáculo de primer nivel, entonces se debe ofrecer algo más que filas largas y expectativas infladas.
Porque mientras la feria siga apostándole al negocio y no a la calidad, seguirá llena… pero lejos de ser internacional.
Bernardo Fierro







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