La operación conjunta, bautizada como “Furia Épica” por Washington y “Rugido del León” por Tel Aviv, representa un hecho inédito en la historia de Oriente Próximo.
Israel y Estados Unidos lanzaron este sábado un extenso ataque militar contra Irán, en una operación conjunta sin precedentes cuyo objetivo declarado es derrocar al régimen de los ayatolás.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó que la operación durará “lo que haga falta”, mientras que el presidente Donald Trump reconoció abiertamente la posibilidad de bajas entre tropas estadounidenses.
La primera oleada de bombardeos fue dirigida contra los principales líderes de la República Islámica, incluidos el líder supremo, Ali Jameneí, y el presidente, Masoud Pezeshkian, aunque se desconoce el resultado de esos ataques específicos.
Fuentes cercanas a la operación confirmaron a Reuters que el ministro iraní de Defensa, Amir Nasirzadeh, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour, murieron en los bombardeos.
Trump calificó como “masiva” la operación e instó al pueblo iraní a tomar el poder una vez concluya el ataque. Irán, nación de 92 millones de habitantes, quedó prácticamente sin conexión telefónica ni acceso a internet.
Aunque no hay un balance total de víctimas civiles, la agencia IRNA reportó que un ataque contra una escuela primaria en el sur del país dejó al menos 63 personas muertas, entre ellas varias niñas.
La respuesta de Teherán llegó con bombardeos contra puntos en Israel y bases militares estadounidenses en la región. Se registraron explosiones en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. El gobierno iraní calificó el ataque como “una prueba para la resistencia nacional del pueblo iraní”.







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