Durante estos últimos días se ha hablado mucho de una posibilidad que suena lejana… pero no imposible: que Chihuahua pueda adquirir una franquicia para jugar en la Liga MX, incluso mencionando al Club Puebla.
Pero más allá de la pasión, hablemos de números.
Un estadio de futbol moderno para 30 mil personas tendría un costo cercano a los 2 mil millones de pesos. A eso se sumaría una nómina anual de entre 250 y 300 millones digamos para operar un equipo competitivo.
A simple vista suena caro… pero veamos el impacto.
Imaginemos partidos contra América, Chivas, Cruz Azul, Pumas, entre otros con un estadio lleno; digamos 30 mil personas consumiendo hospedaje, restaurantes, transporte y comercio local, es decir turismo deportivo.
Los economistas lo llaman efecto multiplicador: una derrama que podría traducirse en entre 20 y 30% más actividad económica para la ciudad de Chihuahua, impactando hasta a miles de familias de manera indirecta.
Aquí es donde surge la pregunta clave:
¿Realmente para el Gobierno estatal, municipal e Iniciativa Privada es posible invertir 2 mil millones de pesos en infraestructura que podría detonar un círculo virtuoso de ingresos, empleo y consumo local?
Para Chihuahua la verdadera rentabilidad no sería el futbol. Sería poner más dinero en los bolsillos de la gente.
Soy Alfredo Martínez






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