Como si fueran fichas de dominó, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere ir controlando los países que forman parte del tablero geopolítico de todo el hemisferio occidental. Tras Venezuela, ha puesto sus ojos en Cuba.
Las advertencias vertidas este fin de semana por el mandatario republicano ―“Negocien y pacten con Estados Unidos antes de que sea demasiado tarde”― inquietan en la isla, que sufre tras el embargo petrolero impuesto a Venezuela, su principal fuente de suministro de carburantes.
Las amenazas de Trump a través de la red social Truth Social contribuyen a alimentar el desasosiego en La Habana: “Cuba sobrevivió durante muchos años gracias al petróleo y el dinero de Venezuela. ¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA! ¡CERO!”, escribió este domingo el mandatario estadounidense en su red social.
Sin embargo, la Administración Trump parece no querer ahogar a Cuba de momento. Las declaraciones del inquilino de la Casa Blanca parecen más una amenaza para negociar que una advertencia real.
El secretario de Energía, Chris Wright, asegura que Estados Unidos no ha pedido a México que corte el suministro de petróleo a la isla, según publica la cadena CBS. El responsable de Energía hizo el comentario al apagarse las cámaras tras una entrevista este domingo en el programa Face the Nation con la periodista Margaret Brennan de la misma cadena de televisión.
Cuba depende del petróleo importado y del combustible suministrado principalmente por Venezuela y México para mantener sus generadores de energía y vehículos en funcionamiento.
Venezuela ha sido el origen del principal abastecimiento del crudo a La Habana, con unos 26 mil 500 barriles diarios exportados el año pasado, según datos recopilados por Reuters.
La situación energética en Cuba se ha complicado en los últimos meses, con apagones frecuentes que afectan a la población cubana y que han generado protestas ciudadanas en distintas provincias de la isla.
La estrategia de Trump en el hemisferio occidental continúa desarrollándose, con Cuba como el siguiente objetivo después de la intervención en Venezuela, aunque las señales contradictorias de su administración generan incertidumbre sobre las acciones concretas que emprenderá contra La Habana.






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