La exposición a bajas temperaturas durante la noche puede provocar mayor inquietud, interrupciones en el descanso y un sueño más corto, debido a la activación de las hormonas del estrés y al esfuerzo que realiza el cuerpo para mantener su temperatura, de acuerdo con información del Instituto de Investigaciones del Sueño.
Especialistas explican que la termorregulación está directamente relacionada con los ritmos circadianos, es decir, con los ciclos biológicos que regulan el sueño y la vigilia.
Cuando la temperatura ambiental desciende demasiado, el organismo gasta más energía para conservar el calor, lo que puede generar temblores, incomodidad y despertares frecuentes.
Además, se señala que entre menor es la temperatura, mayor puede ser la alteración del descanso, ya que las variaciones en la temperatura corporal influyen en la duración y profundidad del sueño.
Aunque dormir en un ambiente fresco es recomendable, la temperatura ideal para un buen descanso se ubica entre los 15 y 20 grados centígrados. El frío extremo, sobre todo sin la ropa o cobijas adecuadas, no solo interrumpe el sueño, sino que también puede agravar padecimientos como la apnea del sueño.
Ante la temporada invernal, se recomienda mantener una temperatura confortable en las habitaciones, utilizar ropa térmica o cobijas suficientes y evitar corrientes de aire, con el fin de proteger la salud y asegurar un descanso reparador.






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