Don Burro: La Casa del Rock en Chihuahua 

Dic 11, 2025 | Opinión

 

En Chihuahua tenemos lugares que no son lugares: son temporadas, etapas, anécdotas y hasta traumas compartidos. Y en esa aparece Don Burro, ese foro cultural que comenzó a principios de los noventa como quien abre la ventana para que salga el humo…y termina descubriendo que lo que salía no era humo, era pura esencia de escena musical. 

El Don Burro nació cuando la ciudad todavía creía que el rock era un mito en el país y no se diga en nuestra ciudad. Ahí, en 1990, depende a quién le pregunte uno, porque la historia ya se cuenta con la precisión alcohólica del «yo estaba ahí, te lo juro», alguien decidió que era buena idea montar un espacio donde sonara lo que aquí jamás se escuchaba: rock, rap, reggae, progresivo, y cualquier banda que no fuera música Norteña pero que igual quisiera atender al micrófono. 

Lo maravilloso del asunto es el nombre: Don Burro

Muchos creen que fue elegido por su espíritu contestatario, por su irreverencia poética, o quizá por simbolizar la resistencia del artista independiente, ¡Pero No! Era una burrería, si de esas de tortilla de Harina y de guisados. Y como buenos Chihuahuenses, en lugar de reinventar el concepto, simplemente dijeron: “Eh, ya está el anuncio, déjenlo así”. 

La magia inició ahí: en un lugar que olía a humo, cerveza y a sudor de quienes se subían a tocar al lugar, donde la ciudad encontró el único refugio para la música que no salía en la radio, ni en la tele, ni en los bailes, esa música que se hacía en casa de los papas, aunque los vecinos se encabronaran. Y así se volvió un templo accidental del rock. Porque si algo sabe Chihuahua, es convertir lo improvisado en tradición y lo mal planeado en leyenda. 

La primera etapa de Don Burro duró lo que duran las cosas grandes en México: lo suficiente para que todos digan que fueron, aunque no te puedan decir el año exacto porque ese dato se perdió junto con la sobriedad de sus últimos clientes. Pero dejó escuela. Y dejó ecos. Y dejó la firme creencia de que el rock en Chihuahua sí existía, sólo necesitaba un local para sobrevivir. 

Cuando Don Burro cerró por primera vez, el local reencarnó en un bar gay. Sí, así como lo lee: de burrería a foro de rock y de foro de rock a antro de ambiente. Ese giro inesperado dejó marcado al imaginario colectivo. Las nuevas generaciones crecieron con la idea de que Don Burro, o lo que recordaban como tal; era un bar gay. Y el rumor se convirtió en tradición oral, como la Pascualita, pero con luces neón. Tanto así que por años el diálogo clásico fue: 

—¿Vamos al Don Burro? —¿Qué no es un bar gay? 

Y no había poder humano que borrara esa idea. 

Hoy, el lugar vive una nueva vida, desde el 2013 se recuperó el espacio para jamás volver a soltarlo. Y aunque la escena cultural ya cambió, y ahora todo se resume en “¿lo subiste a historias?”, Don Burro sigue ahí, como un recordatorio de que Chihuahua también sabe hacer contracultura… aunque sea por accidente, sin Don Burro, muchos chihuahuenses jamás hubieran tocado en un escenario, jamás hubieran gritado como si les pagaran por afinar, y jamás hubieran entendido que el rock no sólo se escucha: se sobrevive. 

Porque en el fondo, esa es la esencia del lugar: un foro que no nació para ser histórico, no planeó ser icónico, y aun así, terminó siendo parte del ADN cultural de la ciudad. 

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Julio Rodriguez

Nacido bajo el signo de Tauro, Mercadólogo de profesión con más 15 años en el área de publicidad, comunicación y producción audiovisual. Asegura que las pizzas están sobrevaloradas y piensa que la gente ausente causa una mejor impresión.

2 Comentarios

  1. …lugares en Chihuahua que están ahí pero no tenemos ni por curiosidad e idea de lo que existe atrás de esta nuestra ciudad …gracias por compartir esas anécdotas

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  2. Raspando muebles (y joteando) desde 1986; todos pasamos por ese lugar. Excelente columna Julio, soy tu fan

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